Una nueva oportunidad
Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día... Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció. (Salmo 32:3, 5 | NTV)