Profesar la fe cristiana en nuestro tiempo no es fácil. Tampoco seguir a Jesús en medio de una sociedad sin principios ni valores.

Experimentamos persecuciones, críticas, señalamientos.

Comprensible ya que millares de hombres y mujeres quieren vivir a su manera, sin Dios ni ley, como solemos repetir en Latinoamérica.

En muchos lugares, sin embargo, la situación es más difíciles. Por ejemplo, en países con tradiciones milenarias.

Permítame ilustrar esta verdad con una historia.

Criada en una tribu de Filipinas que se oponía a la fe en Cristo, Ester lo aceptó como su Salvador después de que una tía orara por ella mientras padecía una enfermedad en la que peligraba su vida.

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Hoy Ester lidera estudios bíblicos en una comunidad local, a pesar de las amenazas de violencia e incluso de muerte.

Sirve gozosa, diciendo: «No puedo dejar de hablar a otros de Jesús porque he experimentado personalmente su poder, amor, bondad y fidelidad».

Servir a Dios ante la oposición es una realidad para muchos hoy como lo fue para Sadrac, Mesac y Abed-nego, tres jóvenes israelitas que vivían cautivos en Babilonia.

El libro de Daniel nos enseña que, aunque fueron amenazados de muerte, rehusaron orar a una enorme imagen de oro del rey Nabucodonosor.

Testificaron que Dios era capaz de protegerlos, pero decidieron servirle aun «si no» los rescataba (Daniel 3:18).

Cuando los arrojaron al fuego, Dios se unió literalmente a ellos en su sufrimiento (Daniel 3: 25).

Para asombro de todos, sobrevivieron, y «ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado» (Daniel 3: 27).

Si enfrentamos sufrimiento o persecución por un acto de fe, los ejemplos del pasado o los actuales nos recuerdan que el Espíritu de Dios nos acompaña, fortalece y sostiene, aun «si no» resulta como esperamos.

Es esencial vivir a Cristo con nuestros pensamientos y acciones, sin que esto implique, por supuesto, que sea fácil.

Cuando sentimos que la situación es más complicada, debemos volver nuestra mirada a Él, pedirle ayuda y fortalecernos con Su divina ayuda. Él responde a nuestras oraciones. No solamente hoy, sino, siempre.

Afianzar nuestra fe para vivir nuestras creencias, principios y valores, es posible cuando nos tomamos un cafecito con Dios cada día, en los momentos en que disponemos de tiempo.

¿Y qué es eso?

Bueno, le explico. Un cafecito con Dios es apartar tiempo para Él en medio de todas las ocupaciones diarias.

Orar mentalmente, puede ser una buena opción. Puede que alrededor haya mucho ruido, pero usted, a solas con Él, puede desarrollar es intimidad con el Padre.

Otro aspecto clave. No olvide jamás que Dios le ama y por GRACIA, le ofrece la oportunidad de emprender una nueva vida.

GRACIA es una palabra clave. Es la demostración del amor y perdón de Dios ilimitados.

Esa GRACIA maravillosa está disponible para todos nosotros hoy.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Dirige el Instituto Bíblico Ministerial y es, además, editor de la Revista Vida Familiar. @Devocionales365