
Es hora de evaluar nuestra vida y, con ayuda de Dios, renunciar al pasado.
Quizá no le ha ocurrido, pero a muchos de nosotros sí: llevar una pesada carga por los errores cometidos en el pasado. Se convierten en un impedimento para avanzar, para experimentar crecimiento en nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y, por supuesto, con la familia.
Olvidamos que Dios nos perdona en respuesta a un sincero arrepentimiento.
Por mucho que hayamos fallado en el pasado, por mucho de lo que hoy sintamos culpa acusadora en todo momento, encontramos perdón en el Padre si reconocemos los errores y disponemos el corazón para cambiar.
Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. (Romanos 4:24-25) Gracias a Él tenemos perdón y vida eterna.
El Antiguo Testamento revela a Dios como creador, todopoderoso, santo y eterno.
El hombre, a quien creó, es el único ser consciente capaz de conocerlo y amarlo (Deuteronomio 6:5). Pero entre Dios y el hombre se infiltró un enemigo mentiroso, Satanás.
Nuestro adversario espiritual introdujo el pecado en el mundo, provocando la ruptura de la relación del ser humano con el Dios santo (Isaías 59:2).
Desde las primeras páginas Dios anuncia que, según su justo juicio, el pecado conducirá al hombre a la muerte: esta es una «línea roja» a lo largo de toda la Biblia.
Adán recibió esta advertencia: si desobedeces, “ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Así, para el hombre, la sentencia fue confirmada desde el primer pecado: “al polvo volverás” (Génesis 3:19).
El apóstol Pablo escribió a los creyentes de Roma en el primer siglo:
“El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres” (Romanos 5:12).
La gran verdad del Nuevo Testamento es “la buena nueva”. Dios se reveló al hombre como Salvador. Se dio a conocer en su Hijo (Hebreos 1:1-3), Jesucristo hombre, Dios “manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16).
Se acercó a nosotros en la persona de su Hijo, de quien los evangelios nos hablan. Pero para ser nuestro Salvador, Jesús tuvo que sufrir en nuestro lugar el juicio y la muerte que nosotros merecíamos.
Este es el mensaje que seguimos proclamando hoy.
Todos estamos invitados a recibir el perdón y la vida eterna mediante la fe en Jesucristo, muerto y resucitado.
Le animamos hoy a soltar el pasado de condenación y pecado que no le deja vivir en paz.
No se siga atormentando sin razón si frente a usted tiene una enorme oportunidad.
Entregue su vida a Dios y acójase a la GRACIA que nos extiende a todos, por la cual nos brinda perdón y vida eterna en respuesta a un sincero arrepentimiento.
Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
Oración
Amado Dios y Padre, reconozco delante de tu Presencia que mi vida ha sido una concatenación de errores y que me persiguen las culpas del pasado. Me atormentan. No me dejan avanzar. Me acojo a la GRACIA que nos extiendes a todos y que fue posible gracias a la obra de Jesús el Señor en la cruz. Gracias por perdonarme y darme una nueva oportunidad. Amén.
Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y teólogo. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @Devocionales365
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