¿Alguna vez ha sentido que Dios le está ignorando? Tal vez oró y le pidió dirección, pero no escuchó ninguna respuesta de su parte.

Cuando Dios parece no responder a nuestras oraciones, es natural luchar con nuestros sentimientos. Podemos sentirnos decepcionados, desanimados o incluso enojados. Algunos comenzamos a preguntarnos si Dios nos ha olvidado por completo.

El pasaje del evangelio de san Juan 11:1-7, nos muestra cómo debemos entender el silencio de Dios.

Cuando Cristo supo que su amigo Lázaro estaba enfermo y a punto de morir, esperó dos días antes de partir.

María y Marta pudieron haberse preguntado por qué parecía no importarle. Pero el Señor Jesús hizo un milagro mayor que sanar una enfermedad: resucitó a Lázaro, fortaleciendo la fe de muchos.

Cuando no podemos escuchar a Dios, eso no significa que nos esté ignorando, que desconozca nuestras circunstancias o que planee negar nuestra petición.

Él quiere que tengamos una relación estrecha con Él que no dependa de la manera en que responde a nuestras oraciones; un amor arraigado no en lo que hace, sino en quién es.

Ese tipo de amor es fruto de su Espíritu obrando en nosotros (Gálatas 5.22), y es algo que podemos pedirle que profundice en nuestro corazón.

No podría despedirme sin antes invitarle para que se acoja a la GRACIA de Dios.

La GRACIA es la expresión del amor de Dios que no quiere nuestra perdición y por ese mismo amor, envió a Jesús su Hijo para que ocupara nuestro lugar en la cruz y, allí en el Gólgota, trajo perdón de nuestros pecados y nos aseguró la vida eterna.

La GRACIA divina está disponible para todos nosotros. Para usted, para mí, para todos.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y mg., en teología. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @RevistaVidaFamiliar

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