
El resentimiento tiene consecuencias a largo plazo y a menudo inesperadas. Aunque la amargura echa raíces en la mente, puede extenderse a otros aspectos de la vida de una persona.
Por ejemplo, la hostilidad que un hombre sienta hacia su padre puede afectar su relación con su esposa, su desempeño en el trabajo o su participación en la iglesia.
La mayoría de nosotros nos damos cuenta de que el resentimiento afecta la mente, pero ¿ha notado usted el costo físico que puede representar para nosotros, también?
Un sentimiento de amargura desencadena tensión y ansiedad que pueden afectar desde los músculos hasta el equilibrio químico en el cerebro.
Con el tiempo, ese tipo de estrés debilita el cuerpo.
El resentimiento también causa conflicto espiritual que dificulta el crecimiento del creyente.
Puede sofocar la oración y hacer que la adoración sea hipócrita. Esto se debe a que es difícil alabar de verdad al Señor mientras se trata de justificar u ocultar algún pecado.
Es más, el resentimiento empaña el testimonio de una persona.
Perdonar significa renunciar a la amargura y al “derecho” de vengarnos, a pesar de que hayamos sido maltratados.
Dios insiste en el perdón no solo para el beneficio de los demás, sino también para el nuestro. Él sabe el daño que el resentimiento puede causarnos, y quiere protegernos del mismo.
@VidaFamiliar
ORACIÓN
Amado Dios, al leer tu Palabra compruebo que he caído muchas veces en el resentimiento, reconozco que no puede seguir en la misma situación. Por el contrario, me arrepiento de mi mecado y me acojo a tu perdón por GRACIA. Deseo emprender esa nueva vida que es posible por el sacrificio del Señor Jesús en la cruz. Me acojo a tu perdón y GRACIA y pido que me ayudes a comenzar una nueva vida. Amén.
La Misión Edificando Familias Sólidas es un ministerio cristiano enfocado en la elaboración y publicación de herramientas que ayudan al crecimiento en la vida personal, espiritual y familiar de los lectores.
Escuche el Programa Vida Familiar con Fernando Alexis Jiménez.