Por Fernando Alexis Jiménez | Misión Edificando Familias Sólidas |

No uso computador a donde voy. Simplemente llevo una libreta de anotaciones. Allí consigno lo que pienso, incluyo nuevas ideas para los artículos, bosquejos proyectos de publicación y muchas cosas más que luego vierto en los artículos.

Una costumbre desde hace muchos años, cuando comprendí que el PC pesaba así lo llevara en un morral a la espalda.

Y, por supuesto, me daba pereza sacarlo del maletín, conectarlo, buscar señal de internet y ese ritual secreto al que acudimos todos.

Resultaba más práctico un cuaderno o libreta.

Después, en la soledad de la oficina, comenzar a escribir.

Pero viene algo más: Deshacerme de aquellas páginas escritas. Al comienzo, me resultaba difícil. Repasaba los apuntes una y otra vez, hasta que descubrí que ya no los necesitaba.

Igual con muchos sucesos de nuestra vida.

Ya no los necesitamos. Debemos soltarlos, dejarlos ir.

¿Y qué decir de las relaciones tóxicas? ¿De los recuerdos dolorosos? ¿De los fracasos del ayer? ¿De las amistades que no nos convienen?

La lista podría ser infinita.

En lo que sí coincidimos es en la necesidad de soltar.

EVALUARNOS, EL PRIMER PASO PARA SOLTAR

El primer paso para soltar, para dejar aquello que ya no necesitamos y no nos sirve, parte de una decisión personal.

Usted es quien decide cambiar. Nadie tomará esa decisión por usted.

Es decir, necesita comenzar.

Y comenzar parte de un paso fundamental, hacer un alto en el camino y evaluarnos. Es esencial. El autoanálisis nos permitirá descubrir en qué estamos fallando y qué debemos corregir.

Si le resulta difícil, pídale ayuda al Espíritu Santo. Tenga la certeza de que Dios responderá a su necesidad y, en la quietud del lugar donde se encuentra, le mostrará qué debe cambiar.

Emprender el proceso de cambiar y crecer no es fácil en nuestras fuerzas. Pero sí cuando vamos delante de Dios. Él nos guía en el paso a paso, un día a la vez.

Una historia que ilustra este principio, es el encuentro que sostuvo Nicodemo, un líder religioso de los judíos, con el Señor Jesús:

“Había un hombre llamado Nicodemo, un líder religioso judío, de los fariseos. Una noche, fue a hablar con Jesús: —Rabí—le dijo—, todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Las señales milagrosas que haces son la prueba de que Dios está contigo. Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.  —¿Qué quieres decir? —exclamó Nicodemo—. ¿Cómo puede un hombre mayor volver al vientre de su madre y nacer de nuevo? Jesús le contestó: —Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu. El ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo. Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”. El viento sopla hacia donde quiere. De la misma manera que oyes el viento, pero no sabes de dónde viene ni adónde va, tampoco puedes explicar cómo las personas nacen del Espíritu. —¿Cómo es posible todo esto? —preguntó Nicodemo. Jesús le contestó: —¿Tú eres un respetado maestro judío y aún no entiendes estas cosas? Te aseguro que les contamos lo que sabemos y hemos visto, y ustedes todavía se niegan a creer nuestro testimonio. Ahora bien, si no me creen cuando les hablo de cosas terrenales, ¿cómo creerán si les hablo de cosas celestiales? Nadie jamás fue al cielo y regresó, pero el Hijo del Hombre bajó del cielo. Y, así como Moisés levantó la serpiente de bronce en un poste en el desierto, así deberá ser levantado el Hijo del Hombre, 15 para que todo el que crea en él tenga vida eterna.” (Juan 3: 1-15 | NTV)

Nicodemo, alguien a quien muchos admiraban, experimentaba un profundo vacío y la necesidad de encontrarle propósito a su existencia.

En ese breve diálogo Jesús nuestro Salvador, dejó claro que cambiar y avanzar a ese nivel de espiritualidad conforme al plan de Dios, no es posible en nuestras fuerzas, sino en las que provienen del Señor, Aquél que todo lo puede.

Usted puede cambiar y crecer, pero debe tomar la decisión. Quizá deba comenzar por evaluarse. Es lo mejor.

Ese autoanálisis nos permite reconocer las fallas y reemprender un camino, distinto, hacia la transformación que siempre hemos anhelado.

Cambiar nos permite ejercer una influencia positiva entre quienes nos rodean, comenzando por nuestra familia.

Eso es maravilloso. Piénselo.

Con ayuda de Dios. No en nuestras fuerzas.

ORACIÓN

Amado Dios, te doy gracias por este nuevo día en el que, no solo tengo vida, sino que, prendido de tu mano, puedo emprender nuevas cosas, proyectos, sueños. Y algo más. Desarrollar ese cambio y crecimiento en mi relación familiar y otras personas, como siempre lo he anhelado. Concédeme la sabiduría necesaria para dar cada día, nuevos pasos de victoria.

Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Allí comparte dos responsabilidades: la dirección del Instituto Bíblico Ministerial y la dirección de la Revista Vida Familiar.

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