"La blanda respuesta quita la ira, mas la palabra áspera hace subir el furor." (Proverbios 15:1, RVR1960)

Hay momentos en los que la rabia toma el control de nuestra boca antes de que nuestro corazón alcance a pensar. En ese instante de furia, las palabras salen como flechas: hieren, cortan, dejan cicatrices que a veces tardan años en sanar.

El rey Salomón, con la sabiduría que Dios le dio, nos advierte algo profundamente práctico: no es solo qué decimos, sino cómo lo decimos.

Cuando hablamos dominados por la ira, casi nunca edificamos.

Ofendemos.

Dañamos.

Decimos cosas que, en calma, jamás diríamos. Y aunque después pidamos perdón, la palabra ya fue sembrada, y toda semilla —buena o mala— da fruto.

Por eso la Escritura nos llama a medir nuestras reacciones. No se trata de callar la verdad, sino de saber decirla en el momento oportuno y de la manera apropiada.

Hay una gran diferencia entre corregir con amor y despedazar con furia.

Proverbios 25:11 lo dice así: "Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene." El tiempo y la forma importan tanto como el contenido.

Con nuestras palabras construimos o destruimos.

Permítame citar a uno de los padres de la iglesia primitiva. Se trata de Juan Crisóstomo quien, en el siglo IV y comentando precisamente el peligro de hablar con ira, anotó lo siguiente:

"Por muy justas que sean tus palabras, cuando hablas con ira, lo arruinas todo."

El autor y teólogo reformado, Matthew Henry (1162-1714) escribió:

"Cuando los hombres son provocados, hablarles con dulzura y buenas palabras logra apaciguarlos, así como Gedeón calmó a los efrateos con su mansedumbre, mientras que la aspereza de Jefté en una situación similar solo los exasperó. También señala que la razón se expone mejor y una causa justa se defiende mejor con mansedumbre que con pasión — los argumentos difíciles funcionan mejor con palabras suaves."

Un hogar se edifica o se derrumba, una amistad se fortalece o se rompe, una fe se afirma o se debilita, según el tono y la intención con que hablamos.

El apóstol Santiago lo compara con el timón de un barco: pequeño, pero capaz de dirigir toda la embarcación (Santiago 3:4-5).

Y aquí está lo hermoso: cuando Dios habla a nuestro corazón, en la intimidad de la oración, nunca lo hace a gritos ni con desprecio. Nos habla con calma, con paciencia, con amor de Padre. Aun cuando nos corrige, lo hace para restaurarnos, no para destruirnos. Así deberíamos hablarnos también nosotros: con la misma mansedumbre con la que Él nos trata.

Y podemos acercarnos a Él con toda confianza, no por nuestros méritos, sino por gracia. Es gracias a la obra redentora del Señor Jesús en la cruz que tenemos entrada libre a la presencia del Padre.

Hebreos 4:16 nos invita: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."

Esa misma GRACIA que recibimos es la que debemos extender a otros cuando hablamos.

Desde hoy, antes de responder con enojo, recordemos: una respuesta blanda apaga el fuego; una palabra áspera lo aviva. Que nuestras palabras reflejen la mansedumbre con la que Dios nos ha tratado a nosotros.

No podría despedirme sin antes invitarle para que se acoja a la GRACIA perdonadora de Dios y le entregue su corazón a Jesucristo.

Oración para hoy:

Padre celestial, gracias porque por la obra de tu Hijo Jesús en la cruz tengo acceso libre a tu presencia, no por mis méritos, sino por tu gracia infinita. Hoy te pido que pongas guarda a mi boca y vigilancia a la puerta de mis labios. Cuando la rabia quiera dominarme, ayúdame a detenerme, a respirar, a pensar antes de hablar. Enséñame a decir las cosas de forma oportuna y con amor, tal como Tú me hablas a mí en la intimidad de mi corazón: con calma, con paciencia, con ternura. Que mis palabras edifiquen y no destruyan, que sanen y no hieran. Transforma mi carácter para que refleje el tuyo. En el nombre de Jesús, amén.

Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Desde el 2º016 dirige el Instituto Bíblico Ministerial y, actualmente, es editor de la Revista Vida Familiar.

Escuche el episodio del Programa Vida Familiar par ahoy con Fernando Alexis Jiménez.