En Dios encontramos perdón y la oportunidad de comenzar de nuevo.

Dios nos ama y porque nos ama, nos protege, nos guía. No una vez, sino siempre y, además, responde a nuestras oraciones.

Nos hablaron de un Padre regañón, con el ceño fruncido, ocupado en descubrir que estamos pecando. Pero no nos hablaron del Dios de amor, al que deberíamos amar en respuesta al cuidado que tiene de nosotros.

Permítame compartirle una historia:

Un creyente nos cuenta la historia de uno de sus vecinos, a quien con frecuencia había hablado de la fe en Jesucristo.

Durante una excursión a los Alpes, la capa de hielo sobre la cual caminaba cedió bajo su peso, y casi se ahoga en un lago.

En otra ocasión, su velero se volcó durante una tempestad, y fue rescatado por los socorristas en el mar.

A sus cuarenta años fue sanado de una leucemia, y Dios le concedió todavía 15 años más de vida.

Para terminar, una noche, en medio de una tormenta, un árbol cayó sobre su auto y él murió en el instante.

Este hombre era simpático.

Conocía la Biblia, pero aparentemente nunca había sentido la necesidad de un Salvador.

Sin embargo, ¿había prestado atención a las múltiples advertencias de Dios? Su vida terminó bruscamente, ¡entró en la eternidad en un instante!

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Solo Dios sabe si se reconoció pecador y si recibió el perdón y la vida eterna por la fe en el Señor Jesús.

“En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende… Entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo, para quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia. Detendrá su alma del sepulcro, y su vida de que perezca a espada… Todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre, para apartar su alma del sepulcro, y para iluminarlo con la luz de los vivientes” (Job 33:14, 16-18, 29-30).

Dios es maravilloso y perdonador y nos ama.

Por supuesto, podría citar muchos más atributos. Pero todo, lo hace por su amor hacia la humanidad, así esa humanidad persista en pecar.

No podemos ni debemos desconocer su amor, como escribió el apóstol Pablo:

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:4).

Hagamos un alto en el camino. Encontramos perdón en el Señor por GRACIA.

Jamás olvide esa palabra muy pequeña: GRACIA. Tiene un enorme significado y nos habla de la misericordia y perdón ilimitados del Amado Padre:

El Señor, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable. (Números 14:18)

Hoy es el día oportuno para emprender el proceso de cambio, transformación y crecimiento. Hoy.

Jamás olvide que nuestro Salvador Jesucristo murió en la cruz por todos nosotros. Ocupó nuestro lugar en el Gólgota para limpiar con su preciosa sangre toda nuestra maldad.

Nos presentó santos y justos delante del Padre.

Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.

Oración

Gracias amado Padre por la nueva oportunidad que me extiendes cada día. Oportunidad de emprender una nueva vida, por tu amor y misericordia que traen perdón por la maldad en la que he incurrido muchas veces. Reconozco que tengo una nueva oportunidad. Me arrepiento y me rindo a ti. Mora en mi vida y guíame en cada nuevo paso que debo dar. Amén.

Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Desde el 2016 dirige el Instituto Bíblico Ministerial y es hoy, editor de la Revista Vida Familiar.

Escuche el último episodio del Programa Vida Familiar con Fernando Alexis Jiménez.

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