
El primer episodio de la afamada serie “La dimensión desconocida” trata del sargento Mike Ferris, de la Fuerza Aérea de EE.UU. que está sometido a una prueba de aislamiento por más de 400 horas.
Tituló "¿Dónde están todos?" y fue emitido el 2 de octubre de 1959. Es el episodio piloto de la serie creada por el guionista y productor de televisión, Rod Serling (1924-1875).
En ese capítulo se describe a un hombre camina solo por un camino rural sin recordar quién es ni cómo llegó allí.
Llega a un pueblo aparentemente desierto, llamado Oakwood en la historia, donde hay señales de que la gente acaba de estar allí: un café recién hecho, un cigarro encendido, una radiola sonando, entre otros detalles. Sin embargo, no encuentra a nadie.
Empieza a sentir paranoia, como si lo observaran, y su desesperación crece mientras recorre el lugar vacío, buscando compañía humana.
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La historia explora temas como la soledad extrema, el aislamiento y la mente humana bajo estrés, con el clásico giro final característico de la serie en la que revela que todo es una alucinación o prueba.

El episodio tiene un tono de suspense psicológico más que de terror sobrenatural. Es uno de los más recordados por marcar el inicio de la serie y por su efectividad en crear atmósfera de soledad con un presupuesto bajo y limitado, usando únicamente un pueblo de utilería.
Volví a verlo hace algunos días en una plataforma de televisión y, si usted pudiera apreciarlo, seguro coincidiría conmigo en que lleva a reflexionar sobre ¿qué ocurriría en el mundo si estuviéramos totalmente solos?
Esta situación podría presentarse, por ejemplo, tras una hecatombe nuclear o, también, si se produjera el rapto de los escogidos de Dios del que habla la Biblia:
Pues el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. Primero, los creyentes que hayan muerto se levantarán de sus tumbas. Luego, junto con ellos, nosotros, los que aún sigamos vivos sobre la tierra, seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Entonces estaremos con el Señor para siempre. (1 Tesalonicenses 4:16-17)
Si el Señor viniese hoy por Su pueblo escogido, usted no tendría por qué quedarse. Podría irse con Él.
¿Por qué?
Porque por GRACIA, Él nos escogió como Su pueblo y nos extendió la GRACIA para perdonar todos los pecados—sí, leyó bien. Todos—de aquellos que se arrepienten.
La GRACIA está disponible para todos. El Señor Jesús murió por todos nosotros en la cruz. Por usted, por mí, por todos. Vertió SU sangre para liberarnos del pecado del ayer y presentarnos santos y justos delante del Padre.
Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
Oración
Dios amado, reconozco que he pecado. No una, sino muchas veces. Me dejo arrastrar por mi naturaleza pecaminos. Sin embargo, deseo cambiar. Anhelo esa nueva vida que nos ofreces por GRACIA. Me rindo a ti, reconozco mi pecado, pido tu perdón y ruego que me abras las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón. Amén.
Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Dirige el Instituto Bíblico Ministerial y es, actualmente, director de la Revista Vida Familiar.
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