Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado! (2 Corintios 5: 17 | NTV)

Todos los seres humanos estamos llamados a experimentar crecimiento de nuestra vida interior.

¿De qué manera?

A través de la fundamentación de nuestro ser en principios y valores.

Esa transformación de nuestro mundo interior nos lleva a ser auténticos, tanto en lo secreto, cuando nadie nos ve y, también, en lo que dejamos aflorar cuando nos encontramos bajo presión, más allá de las circunstancias externas.

Esto es a lo que, desde la perspectiva cristiana, podemos identificar cómo la formación de un carácter sólido, que no es otra cosa que la forma como pensamos y actuamos, en consonancia con lo que Cristo haría.

Esa transformación nos lleva a un estado de permanente crecimiento en diversas áreas.

¿En nuestras fuerzas?

En absoluto. Ese cambio y crecimiento lo produce el Espíritu Santo y nos permite, entre otras cosas, practicar el amor, la integridad y el dominio propio.

¿Cuál puede ser entonces nuestra mejor apuesta?

Sin duda experimentar mejoramiento permanente con ayuda de Dios. ¿Cómo lo logramos? Aunque revista cierto grado de complejidad, haciendo acopio de la sabiduría que proviene del Padre cdelestial, que nos permite, en todas las circunstancias, tomar decisiones apropiadas y oportunas.

Recuerde que no basta con sentirnos mejor, que es lo que procuran todas las formas de autoayuda, sino cambiar y crecer de manera permanente.

Recuerde que hay circunstancias que podemos cambiar. Es decir, las que dependen de nosotros, mientras que otras no.

Deberíamos centrar nuestra energía y nuestros recursos en influir sobre todo lo que podemos controlar, y alejarnos todo lo posible de lo que no podemos controlar.

No podría despedirme, sin antes hablarles acerca de la gracia de Dios.

Gracia es el perdón ilimitado para todo aquel que se arrepiente de sus pecados.

Nuestro amado Salvador Jesucristo murió en la cruz por todos los pecados, suyos y míos, y con su sacrificio en el calvario, nos ofreció perdón y vida eterna.

Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.

Oración

Padre amado, gracias por la misericordia que me extiendes cada día; misericordia que me permite ver en qué estoy fallando y emprender las correcciones necesarias, no en mis fuerzas, sino con tu divino poder. Dame las fuerzas necesarias para perseverar en el proceso de cambio personal y familiar. Es posible tomado de Tu mano. Me acojo a tu GRACIA y le abro las puertas de mi corazón a Jesucristo. Amén.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y teólogo. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.

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