Transigencia. Una palabra pequeña que se convierte en un enorme obstáculo para el crecimiento en nuestra vida cristiana. Por transigir muchas veces comprometemos nuestra fe y cedemos deliberadamente al pecado.

La Palabra nos advierte de actuar con insensatez. El rey Salomón escribió:

"Hijo mío, presta atención a lo que digo y atesora mis mandatos. Afina tus oídos a la sabiduría y concéntrate en el entendimiento. Clama por inteligencia y pide entendimiento. Búscalos como si fueran plata, como si fueran tesoros escondidos. Entonces comprenderás lo que significa temer al Señor y obtendrás conocimiento de Dios. ¡Pues el Señor concede sabiduría! De su boca provienen el saber y el entendimiento." (Proverbios 2:1-6 | NTV)

Lea el texto cuantas veces sea necesario.

Nos ayuda a escapar de la tentación de transigir al pecado.

Recuérdelo: Todos enfrentaremos esta tentación, así que ¿cómo podemos mantenernos firmes?

El primer paso es entender por qué ceder es tan tentador.

Cuando otros nos presionan a participar en lo que Dios ha prohibido, hacerlo puede parecer más fácil que enfrentar el rechazo.

Quienes buscan vivir en obediencia al Señor a veces tendrán que estar solos, incluso ante burlas o persecución (2 Timoteo 3:12).

En otras ocasiones, podemos ceder para evitar conflictos y sustituir la obediencia por una paz frágil. Tomar una posición firme no es fácil, pero Dios no nos pide hacerlo solos.

Él está con nosotros en todo momento.

Sin embargo, la tentación de ceder no siempre viene de otros. Podemos dejarnos llevar por nuestros deseos y permitir que los sentimientos anulen la verdad. La respuesta es evaluar nuestras decisiones a la luz de la Palabra de Dios, no actuar solo por impulso.

La mejor protección contra la transigencia es permanecer arraigados en la Palabra de Dios. Cuando comenzamos cada día buscando su sabiduría, el Señor guía nuestros pasos (Salmo 119:105).

La Biblia no solo nos dice qué evitar, sino también ilumina el camino que vale la pena recorrer.

No podría despedirme sin antes invitarle para que se acoja a la GRACIA de Dios.

La GRACIA es la expresión del amor de Dios que no quiere nuestra perdición y por ese mismo amor, envió a Jesús su Hijo para que ocupara nuestro lugar en la cruz y, allí en el Gólgota, trajo perdón de nuestros pecados y nos aseguró la vida eterna.

La GRACIA divina está disponible para todos nosotros. Para usted, para mí, para todos.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

ORACIÓN

Amado Dios y Padre, reconozco que muchas veces he incurrido en el pecado de manera deliberada. Pude escapar de pecar, pero no fui apercibido y no hui a tiempo. Hoy reconozco mis constantes errores y me acojo a tu GRACIA. Ayúdame cada día y fortaléceme. Guíame para no caer fácilmente en las tentaciones. Amén.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y mg., en teología. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @RevistaVidaFamiliar

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