
¿Le ha ocurrido que enfrenta situaciones que no comprende y que, incluso, le han llevado a preguntarse: “Por qué a mí”? Lo más probable es que sí. Pareciera que oramos y nada pasa. Como si los cielos fueran de bronce.
Y, por supuesto, esos períodos nos generan desaliento.
Hay temporadas en las que usted no entiende nada: ni el silencio de Dios, ni el sufrimiento, ni por qué pasan ciertas cosas.
El apóstol Pablo reconoce que en esta vida vemos como en un espejo oscuro; no todo se aclara.
En su primera carta a los creyentes de Corinto, anotó:
Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. — 1 Corintios 13:12
Eso no significa que Dios haya perdido el control, significa que su visión personal es parcial.
Un día todo será claro, pero hoy nos toca caminar con fe en medio de la niebla.
Piense en esa mañana en que la neblina cubría cada metro del camino y su única opción era poner un pie delante del otro, confiando en que la ruta seguía ahí, aunque no pudieras verla.
Así es exactamente la fe que Pablo describe: no la fe de quien lo entiende todo, sino la de quien avanza con cuidado porque conoce al que guía.
Su paz no nace de tener todas las respuestas, sino de saber en quién ha creído, incluso cuando la niebla es densa y el horizonte, invisible.
Piense en esa mañana en que la neblina cubría cada metro del camino y su única opción era poner un pie delante del otro, confiando en que la ruta seguía ahí, aunque no pudiera verla.
Así es exactamente la fe que Pablo describe: no la fe de quien lo entiende todo, sino la de quien avanza con cuidado porque conoce al que guía.
Su paz no nace de tener todas las respuestas, sino de saber en quién ha creído, incluso cuando la niebla es densa y el horizonte, invisible.
No podría despedirme sin antes hablarle de la GRACIA divina. Es la máxima expresión del amor de Dios. ¿Por qué? Porque, aunque hemos pecado mucho, Dios nos extiende Su perdón eterno sin que lo merezcamos.
El lugar que nos correspondía era la cruz del Gólgota. Sin embargo, nuestro Salvador Jesús ocupó nuestro lugar en el madero.
Vertió su sangre por usted y por mí. Nos hizo libres. Y nos aseguró perdón y vida eterna.
Acójase hoy a la GRACIA de Dios. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y teólogo. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y, desde el 2016, dirige e imparte clases en el Instituto Bíblico Ministerial. @UnCafecitoconDios
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